21.04.2017

Perder el tren


Beijing_Metro_inside_train_9370

Por: Manolo Echegaray

O el avión; muchas veces, cuando sucede, uno se da cuenta tarde: ya ha pasado y por lo general no hay vuelta de hoja.

Hace tiempo un taxista me preguntó si yo era quien soy y me contó que había sido dibujante publicitario, emigró a Venezuela, tuvo éxito, pero la computadora pudo más que él: no aprendió a manejarla. Regresó al Perú y con el dinero ahorrado compró dos automóviles y hacía taxi. Dejó, lo que confesó como su pasión, porque no incorporó la tecnología y esta se lo llevó de encuentro.

Tal y como los monjes de la ilustración de este post, desconfiamos de la nueva tecnología y no nos damos cuenta que está aquí para quedarse y cambiarlo todo.

Pasa en publicidad y en casi toda actividad humana. Solemos ser renuentes a lo nuevo; el “desprecio” es en realidad temor. Miedo a lo que no se conoce; negación de algo porque se ignora su funcionamiento y utilidad. A veces, casi siempre, no sabemos leer el futuro.

En publicidad, sin embargo, vivimos de él. Es nuestro deber no solamente verlo sino participar y si podemos, adelantarnos.

Ser publicista es estar en la avanzada y decirles a otros qué hacer. No podemos quedarnos sentados mirando a las nubes y perder el tren… o el avión.