13.07.2017

Un hombre afortunado


Por: Manolo Echegaray

Desde hace un tiempo, y especialmente ahora, me considero un hombre afortunado; No muchas veces ocurre que uno haya podido ser amigo, colaborar o conocer a la gente que hace la propia profesión y aprender de ellos. A mí me ha tocado el que eso sucediera y, lo digo directamente, sin restricciones, soy lo poco que pueda ser en publicidad gracias a hombres y mujeres que tuvieron paciencia para responder mis preguntas, guiarme, darse tiempo para conversar y corregir mis errores que fueron muchos. Digo fueron, porque aunque siga cometiéndolos y a mis años reconozca que la manera de aprender siempre en mi vida fue equivocándome, ahora que miro un poco la perspectiva de casi medio siglo de actividad publicitaria y estoy alejado del diario acontecer de ella, repito, me siento afortunado.

Conocí a los grandes que ya se fueron y conozco a muchos de los que todavía quedan por aquí; además, enseñar publicidad por treinta años me ha relacionado con una multitud inmensa de publicitarios que están repartidos por todas partes y ser parte activa de su formación.

Es hermoso que recuerden detalles de las clases, ciertas frases y que en general el recuerdo sea bueno, a pesar de que seguramente en el momento detestaban las urgencias de tareas de grupo o la necesidad que había de leer.

Es hermoso que te llamen por teléfono o te escriba un amigo publicitario para saber cómo estás y en qué andas.

Es hermoso poder recordar y agradecer poder formar parte de lo que considero la aventura del siglo, donde pude tener tan buenos guías y magníficos compañeros de ruta.

Por eso me considero afortunado y aún más si puedo escribir esto y a propósito no mencionar nombres porque la memoria no me alcanzaría si intentara hacerlo y no sería justo.

Solamente decir para terminar: soy un afortunado gracias a ustedes, que me leen y a quienes se mudaron al barrio eterno y desde allí saben que soy su hechura.